La importancia del cromado de piezas metálicas

Cuando hablamos del proceso que tiene que pasar una pieza para convertirse en lo que los usuarios pueden ver como resultado fina solemos referirnos al proceso de lijado y pulido de los metales.

Por supuesto, el lijado y pulido de metales o de grifería representa un proceso de gran importancia dentro de las fases que debe completar una pieza hasta tener la apariencia del acabado. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de la última pero no por ello menos importante etapa que tienen que pasar estas piezas: el cromado o niquelado.

¿Por qué es tan importante el niquelado y el cromado del metal?

Aporta el brillo a la pieza

Tras limpiar cuidadosamente la pieza en cuestión, primero se aplica el níquel, que será el material que dote a la pieza de su particular brillo. El niquelado se lleva a cabo recubriendo el metal de distintas capas de entre 11 y 15 micras de espesor, aproximadamente. De esta forma, se puede garantizar el brillo que quedará en la pieza que se está trabajando.

Aporta resistencia a la pieza

Tras las capas de níquel, se lleva a cabo un recubrimiento de cromo que aporta a la pieza una mayor resistencia, lo que a su vez provoca que la pieza tenga una apariencia todavía más brillante. Es decir, el cromado protege y abrillanta el metal a través de una serie de capas, de espesor mucho más finos que las de níquel, que se sobreponen al proceso anteriormente realizado.

Normalmente ambos procesos se llevan a cabo sumergiendo las piezas en soluciones preparadas con estos elementos y las sustancias necesarias para que tengan el efecto deseado.

Por lo tanto, el niquelado y cromado de la pieza es un proceso esencial para conseguir que los metales tengan el aspecto que realmente queremos, dotándoles de una resistencia y un brillo óptimos para su distribución.

Cómo pulir grifería de latón de forma casera

En casi todos los domicilios, por no decir en la totalidad de los mismos, nos encontramos con piezas de metal y grifería que, con el paso de los años, pueden perder su apariencia brillante y su estética perfecta.

Si nos encontramos con el caso de piezas sueltas y queremos recuperar su brillo y su apariencia inicial, podemos llevar a cabo una serie de pasos caseros con los que conseguiremos restaurar al máximo la pieza.

El primero de los pasos es el lijado, que se aconseja hacer de más a menos, es decir, utilizar primero un grano de aproximadamente 350 para pasar después a 500 y así, sucesivamente, hasta llegar a 2.000. Con esto conseguimos eliminar cualquier tipo de araño o desperfecto superficial.

Después pasamos a la parte del pulido. En este caso, podemos llevar a cabo este proceso con un taladro de baja velocidad, acoplándole un disco de pulido. Estos discos están a la venta en tiendas especializadas en bricolaje o ferreterías, y suelen ser de algodón.

Antes de proceder al lijado, debemos rociar la pieza que queremos pulir con una pasta específica para este fin. De esta forma, y si el trabajo se realiza a conciencia, se podrá obtener una superficie con un acabado final que va más allá del mate y consigue un brillo estupendo. Aunque el acabado final depende, por supuesto, del tipo de pasta que usemos para este trabajo y del empeño que pongamos en conseguir que el resultado sea óptimo.

Con un par de capas de cera el brillo será evidente y, repitiendo este proceso cada cierto tiempo, conseguiremos que la superficie de las piezas que nos interesan luzcan siempre perfectas.

Como hemos podido comprobar, el pulido de piezas de metal también es posible llevarlo a cabo desde casa y conseguir así restaurar nuestra grifería para que parezca siempre que está como nueva.